jueves, 12 de diciembre de 2013

La mirada, humana, de su gato se le clavó en los ojos cuando le pedía comida, la mirada de su novia, felina, digamos que también se le clavó.           


Una vida plena.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

GRITAR NO VERDADES TE HACE VER COMO UN LOCO

-Y es por eso es por lo que creo que la tierra va en línea recta- dijo Berta con total satisfacción y un poco de soberbia a la hora de expresar su teoría según ella irrefutable.

-Desde luego Berta esta es la tontería más gorda que te he oído decir, seguramente lo habrás leído en el foro ese que te pegas enganchada todas las tardes, si te dedicaras a otras cosas como por ejemplo escribir creo que esa imaginación estaría mucho mejor aprovechada – expresó también con un posible exceso de suficiencia.

-¿Escribir? Vaya chorrada- su cara pasó de un gesto de asco a indiferencia a una velocidad asombrosa.

-Bueno, míralo de este modo, escribiendo sí que podrías decir todo esto que afirmas, al fin de al cabo es ficción y ahí todo vale, pero aquí… en medio de la universidad de ingenieros con lo que son ellos… no se como se te ocurre- dijo buscando su lado compasivo y mirando alrededor preocupada de los fisgones, que tanto sorprendidos por ver una mujer por esas universidades más lo estarían si escuchasen las tonterías de Berta.

-Ah, ya entiendo, osea que ahí sí ¿no? ¿Quieres decir entonces que tú cuando te lees un libro partes de la premisa de que te están mintiendo? ¿No crees que ese alguien de detrás, probablemente un amargado con gafas y flacucho, se base en algo probablemente ocurrido, si es de amor no por él claro, mas si es de desamor tal vez, o por lo menos algo que haya visto experimentar?- Empezó a preguntar Berta con esos ojos que se acercan más y más y que parece que se van a quedar a un centímetro de tu cara, que vas a notar su aliento y claro que la mirada se te clava, como para no, vaya insistencia.

Marisa que era de fácil apocopar, agachó cabeza y como meneando la punta del pie hacia los lados dijo:

-Bueno, no hace falta ponerse así, desde luego que susceptible eres, siempre te lo tomas todo a la tremenda.

-¿A la tremenda yo? ¡A la tremenda ellos! Que pierden a su amada, no saben para que vale su vida, pierden su virginidad y lo escriben los tíos ahí las cosas más tristes del mundo que parece que te vas a leer lo que han escrito y el papel va a estar fartico de agua- Cada vez su tono de voz era más alto y escandaloso, y es que además estaba indignada, vaya tía.

-Tú y los prejuicios bien ¿no? Como se nota que hace mil años que no lees, ya no se canta a la perdida de la amada, ya no se cuestionan su existencia y ya no celebran las aperturas de la rosas. Ahora se hace otra cosa…- y dejó la frase colgando.

Y Berta descubriendo el pastel, sentenció:

-Ah ya se, mentir.



sábado, 2 de marzo de 2013

LO QUE LA DEVASTACIÓN SE LLEVÓ Y NO TRAJO DE VUELTA


Dejé de trazar el camino de baldosas amarillas, las pinté de verde para que me guiara la esperanza porque ahora ya hasta el hombre de hojalata está oxidado. Que ahora que King Kong ha llegado a lo más alto del Empire State solo queda el descenso. La vista hacia arriba, el vértigo invertido de nuestras vidas. Un recorrido solitario por la gran vía sin ser visto. Solo queda abrir los ojos porque siempre habrá una silueta en el atardecer con el puño en alto que jamás se rinde.

L,

jueves, 3 de enero de 2013

QUE EL PAN HA DE ACOMPAÑARSE CON VINO


Mi padre y sus collejas me enseñaron que poner los codos encima de la mesa era una falta de respeto, mientras mi madre me mostraba el lado oscuro al que pertenece la sumisión disfrazada de amor servicial.

Yo imaginaba la vida como un constante musical y en esos momentos de reunión de la familia en la mesa la banda sonora que nos acompañaba era comparable a la del hundimiento del titanic, igual de tétrica y de mala. Momentos de tensión en los que los segundos los marcaba el sonido de mis dientes arrastrando la comida del tenedor. Es en el silencio donde más cosas oímos, donde se alza más triunfante el sonido. Esto es como todo, la bondad en un mundo repleto de maldad reclama mayor atención, pero ¿acaso adquiere mayor merito?. En un alborotado restaurante el chirrido de mis dientes en el tenedor pasa desapercibido, como lo haría un acto de bondad en un mundo contrario al de hoy. Sin embargo en la mesa… ya lo he dicho, es eso lo que marca los segundos.

Yo no era como todos esos demás niños protagonistas de otros relatos, yo ni leía, ni me gustaba estar solo, pero si que me sentía incomprendido, ¿Y quién no lo hace? Pero la incomprensión mas fundada y que más me preocupaba era la que me infería a mi mismo. Soy tantas personas y a la vez ninguna, con mis amigos soy un chico normal, más bien se podría decir que el graciosillo, sentía que todos de alguna manera me apreciaban y no solía caer mal a la gente. Cuando estaba solo en cambio era un ser meditabundo, no solitario, pero sí que me gustaba pensar. Y cuando estaba en la mesa… en la mesa marco el tiempo.

Por aquellos años yo solía salir con Lucia, una pequeña niña rubia que simplemente me atraía porque me proporcionaba un mayor dinamismo en la vida, bien es cierto que en ocasiones la llegué a odiar, era posesiva, ególatra y repetitiva como ella sola. Varios partidos de fútbol me perdí con mis amigos por su culpa. Aún así la recuerdo con gran cariño, su pelo brillaba tanto que no me permite oscurecer su recuerdo, probablemente tenga una idea irreal de cómo era en realidad, pero al fin de al cabo son mis recuerdos y los pinto como yo quiero. Eso sí, los recuerdos que tengo en la mesa no los pinto, los tengo grabados en mi memoria de una manera fidedigna. ¡Ay! Cuando yo marcaba el tiempo…

Como os podéis imaginar fue mi madre la que murió primero, para disgusto de todos mis hermanos y de casi toda la familia. Triste e injustamente para mi padre no supuso un gran trauma, a los pocos meses, o quizá semanas contrató una sirvienta, la cual no podía ocupar el puesto de mi madre, esto estaba claro, pero la vi unas cuantas veces entrar a la habitación de mi padre en medio de la noche. Con alevosía, premeditación y nocturnidad. Yo a ella no la culpo, ni culpo a mi padre tampoco, culpo a mi madre, a mi madre y su inocencia. Mi madre y su inocencia que servían a mi padre primero en la mesa mientras yo determinaba el ritmo.

Pues claro, claro que yo siempre he buscado una chica diferente a mi madre, con algo más de carácter, una chica a la que no le acompañase la banda sonora de unos violines tristes violados por un acorde hiriente de violonchelo. Y en el fondo, también quería una mujer que fuese como mi madre, simplemente para darle la oportunidad de albergar otra vida, era como jugar a ser Dios. Cambiar el destino de una chica cuyo futuro se proyectaba como el de mi madre y convertirla en la chica más feliz del mundo, con Can’t buy me love de los Beatles de fondo, que queréis, aquellos eran los tiempos dorados de los Beatles, ahora seguramente le pondría otro fondo.

                                                          Y yo marcando el tiempo….

L,