Si has sentido el golpe es que estás
vivo.
Amanece y veo el sol, adormilada, a
través de los finos pelos de mi brazo. Miro a la ventana y suspiro. La hora ya
da igual en Bangladesh. Que los pájaros canten pertenece a otro lugar y otro
tiempo. El timbre del horno, el motor de la nevera, las chispas de la bombilla,
las expiraciones de otros en mi cabeza. Un grillo, una tormenta, la nieve, una
grapadora, un celo despegarse. La nieve, efímera.
La hora ya da igual en Manhattan, chocolate
con churros, barrios turbios, escaleras rizomáticas. La gabardina la han dejado
en el perchero, las tostadas siguen en la tostadora y el paraguas ya no es
azul. La nieve y el color, efímeros.
Y se ha hecho de noche, he sentido el
golpe de mis párpados al cerrarse. Si has sentido el golpe es que estás vivo.
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