Mirar
los posos del café y buscar tu forma, aún a sabiendas de que nunca he creído
en el destino. Retar a la casualidad para provocar el encuentro en el preciso
momento y que tu sola presencia mude mi elocuencia. Escarbar buscando la escena
acontecida tantas veces en la memoria, y en su lugar encontrar un vacío
comparable al de tu estomago. Que no nací para las casualidades es evidente,
pero que no nací para estar contigo, eso ya es otra cosa.
L,
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